28 noviembre, 2024
Rendimos tributo a Dani Molina
A Dani Molina le encanta entrenar. Le gusta la disciplina diaria, cumplir a rajatabla lo que su entrenador le pauta, recoger a sus hijos cuando llega la tarde y poder descansar para volver a empezar. Aunque desde aquel grandioso día de principios de septiembre los homenajes no siempre le dejan disfrutar de su rutina, estos no le producen extrañeza. Es tímido, pero se siente bien en la piel de ese que se enfrenta a las audiencias que celebran su triunfo; sabe que merece esos honores porque sabe que merece el oro que ganó aquel grandioso día de principios de septiembre en la modalidad PTS3 de triatlón en los Juegos Paralímpicos de París.
Después de veinte años Dani pudo volver a unos Juegos. Tras participar en natación en Atenas 2004 descubrió que el triatlón era el deporte de su vida. No llevaba mucho tiempo practicándolo cuando en una carrera alguien le dijo: tú en esto vas a llegar muy lejos, y Daniel le creyó.
Comenzó a entrenar y a dedicar su vida a este deporte. Conoció a su entrenador, que creyó tanto en él que durante ocho años le entregó todo sin pedir nada a cambio.
No fue fácil, nunca fue fácil. El dinero no llegaba, en un deporte como el triatlón paralímpico era muy complicado encontrar patrocinadores, hubo temporadas muy difíciles.
Sin embargo Orbea siempre estuvo ahí. Llegó al principio, cuando apenas comenzaba:
«No es un patrocinio, llevo 12 años con ellos, son familia, ¡incluso de niño tuve una Orbea! Siempre creyeron en mí, a ciegas. Si necesitaba algo me ayudaban, si rompía cualquier cosa al día siguiente tenía repuesto. No me planteo competir con ninguna otra marca».
Esta semana Dani abandonó su adorada rutina para viajar a Mallabia, su familia le rendía un homenaje. Recogió a sus hijos del cole, cogió su medalla y se puso al volante hacia la casa de Orbea para compartir con nosotros el oro olímpico.
Le acompañaba Dani Rodríguez, su entrenador, que jamás dejó de creer en él: «Hay que entrenar, porque ese día va a llegar, y cuando llegue hay que estar preparado para ganar la medalla».
Ese día llegó y todo lo que habían planificado juntos salió a la perfección.
¿Y qué queda después del oro? ¿Es muy profundo el vacío? Después del oro queda la vida, quedan más oros porque Dani no contempla nada más.
Después de ganar el oro olímpico Dani durmió mejor que nunca. El día siguiente Dani siguió entrenando, y ganó el Europeo, y siguió entrenando, y quedó segundo —¡segundo!— en el Mundial. Tan solo había perdido dos carreras en su vida, así que no hace falta preguntar cuál es su próximo objetivo: el Mundial será suyo.
¿Y cuando gane el Mundial? Después del Mundial continuará entrenando y, si puede, competirá en Los Ángeles.
«Llegará un día en que tenga que dejar de practicar triatlón, pero ese día quedará la bici, que es mi parte favorita. Sobre la bici soy feliz porque también es la parte más social. Nunca dejaré de montar en bici». Cuando llegue ese momento también allí estará Orbea.
Dani es feliz con lo que hace: «Lo importante es creer que lo que estás haciendo tiene un fin».
Aquella persona que conoció en una carrera creyó que llegaría lejos, Dani le creyó y nunca dejó de creer en sí mismo y así todos creímos en él.
¿Y si al final todo era eso? Nada más y nada menos que creer, siempre, siempre creer.