Piel de gallina: así vivimos el Tour de Flandes Cyclo

El pasado fin de semana nos fuimos con Ibon Zugasti a una de las fiestas del ciclismo más importantes del mundo, la Ronde van Vlaanderen Cyclo, más conocida como Tour de Flandes Cyclo: más de 16.000 personas de innumerables países viviendo al extremo su pasión por el ciclismo en un lugar donde los ciclistas son estrellas del rock.

Mientras Tomi Misser asaltaba las montañas endureras de Málaga, Ibon se atrevía con los muros y adoquinados del Tour de Flandes Cyclo, en la distancia de 141 km.

Le escoltaron en la cicloturista nuestro product manager de carretera, Joseba Arizaga, y dos personas del área de marketing de Orbea, Jon Azkoitia y Aitor Otxoa. Hablamos con Aitor, ex corredor además del añorado Euskaltel-Euskadi, para que nos dé envidia y nos cuente cómo se vive la fiesta que paraliza todo un país.

– Aitor, ¿cómo es correr el Tour de Flandes Cyclo?

Aitor Otxoa: Los cuatro escogimos hacer la distancia de 141km porque teníamos 18 muros y 5 tramos de pavés, con lo que ya era bastante exigente. A diferencia de las pruebas cicloturistas de aquí, tienes para salir desde las 7 hasta las 9 de la mañana, por lo que la gente no te entra al trapo. Tú vas a tu rollo y la gente va tranquila, no se lo toman de manera competitiva y hay mucho respeto… ellos te dejaban pasar y viceversa. Al llegar a meta te dan una medalla, tienes el orgullo de hacer los mismos muros que subirán los profesionales al día siguiente y un completo avituallamiento con productos autóctonos: hamburguesas, patatas, una cerveza que se llamaba Kwaremont –como el muro- con el mismo porcentaje de alcohol que el del puerto… Como si aquí pusieran marmitako o bacalao… muy curioso ¿no?

– ¿Qué tramos se os hicieron más complicados?

AO: Lo más complicado son los muros de Molerberg y el Paterberg, con 14% y 20% respectivamente. Además claro del adoquín, con lo que eso conlleva para nosotros, que no estamos acostumbrados a andar en ese terreno y compromete un poco la estabilidad.

Empezamos el día con mucho respeto porque la mañana del sábado amaneció lloviendo y, claro, el adoquín no es broma y más con porcentajes que rondan el 20%. Según íbamos para la salida en Oudenaarde se arregló el día. Los primeros muros con un poco de miedo pero ya a partir del cuarto eres como un campeón del mundo… vas a toda vela y como un ciclista local más.  Mucho sube baja y a partir del kilómetro 70 venían los grandes muros, por lo que nos reservamos bastante. Me llamó la atención el recorrido, mucho carril bici, carretera secundaria… mientras que aquí estamos acostumbrados a carreteras principales.

¿Cómo describirías el ambiente que se vive durante el fin de semana?

AO: ¡Buf! Increíble, una locura, la piel de gallina. Es el “día nacional” en Bélgica, se para el país. Es una fiesta gigante que yo no me habría imaginado jamás. Pude vivir la Paris-Roubaix como corredor cuando era chaval pero nunca había estado en algo así, pensaba que era un mito más que una realidad. Los muros estaban a rebosar de afición, en las calles te silbaban y animaban, las tiendas estaban decoradas con ciclistas, en la tele…ciclistas, las portadas de los periódicos, con ciclistas… los niños te paraban por la calle para pedirte autógrafos… nunca había visto nada parecido con los ciclistas y la carrera. Había gente con caravanas de fiesta en la hierba desde el jueves porque allí alquilan el terreno…tremendo.

En comparación con el País Vasco, otra región donde respiramos ciclismo… ¿Qué diferencias y semejanzas encuentras?

AO: Pues diferencias… pocas. Tuve la suerte de correr en el Euskaltel Euskadi por lo que sentí que en el País Vasco eres querido y respetado, pero allí eres una estrella del rock. Los Cristiano Ronaldo o Messi de aquí allí son los ciclistas. Aquí la gente anima mucho desde el primero hasta el último… allí también, pero diría que les importa más lo principal, donde se está disputando la carrera. Pero nos parecemos mucho.

¿Qué bici recomendarías para hacerla? ¿Una bici nerviosa y atacante como Orca o una bici de resistencia que se agarra más al suelo como Avant?

AO: Las dos son bicis de competición UCI Legal: la Orca tiene mayor reactividad y ligereza, lo que te viene muy bien en una prueba como Flandes en la que hay muchas subidas. La Avant es mejor para una prueba como la París-Roubaix ya que, al ser más estable y ofrecer mayor confort, te permite llegar con más chispa al final de una prueba en la que has estado pasando adoquines a gran velocidad. De todos modos, en Flandes tres de los cuatro llevábamos Avant y a mí me pareció perfecta. Con el día lluvioso que hacía además nos sentíamos muy seguros con los frenos de disco. Sí es cierto que el disco tiene más peso pero prefería tener una frenada buena, rápida y con un gran tacto. En general se veía mucha bicis de endurance, mucho disco, bicis con pipas más altas…

¿Tuvisteis oportunidad de ver en directo el Tour de Flandes del domingo?

AO: Sí, los vimos desde el muro de Oude Kwaremont, que fue donde atacó Gilbert, que llevaba además la bandera de campeón de Bélgica. Una locura. En los últimos 200 metros de Gilbert absolutamente todas las marcas de bicis y fabricantes de componentes aplaudían, había gente llorando… imagínate, un belga con el maillot de campeón belga ganando en Flandes. De locos.

Allí en el Kwaremont cada marca, fabricante… tiene su zona donde comer algo, beber unas cervezas… La gente hablaba a ver quién iba a ganar -nadie apostaba por Gilbert además, todos con Sagan como favorito-, te ofrecían bebida, te preguntaban si habías corrido la cicloturista… Todo el mundo estaba interesado en hablar de ciclismo. Lo viven y tú lo vives con ellos.

Un fin de semana con Ibon seguro que da para muchos momentos divertidos… ¿Nos cuentas alguno?

AO: Venía apaleado de la Cape Epic y al principio estaba un poco gruñón pero después se animó y fue el Zugasti que puedes ver en los vídeos: hiperactivo. ¿Anécdotas? Sobre todo el tío que se encontró con unos genitales de plástico colgando en la bicicleta y bueno… toda la gente de alrededor cachondeándose… (vídeo del momento en el canal de Ibón). Además, en el kilómetro 77 paramos en el avituallamiento antes de la traca final de muros y ahí nos dijo Joseba que teníamos que probar unas galletas con miel que tenían allí. Pues llegamos al avituallamiento… y ¡a la española! Cada uno cogiendo 7-8 galletas y para el bolsillo. Al acabar por la tarde noche, a Ibon le gustaron tanto que fuimos al supermercado a comprar cajas para llevarnos a casa.

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