14 abril, 2025

Roubaix: el laboratorio en el Infierno

París-Roubaix es una carrera estúpida, es entrar en una jaula con un animal herido. ¿Qué llevaría a alguien en su sano juicio a exponer así su cuerpo y a someter a semejante prueba su mejor tecnología, cuando las posibilidades de perder son tan grandes?

Pues resulta que en Orbea tachamos los días del calendario esperando esta carrera. Y es que es una de las más interesantes en lo que se refiere a investigación y desarrollo de producto. Es un caramelo para quienes sienten adicción por conocer los últimos avances en innovación y para las personas de Orbea que trabajamos en ello.

El durísimo empedrado de Roubaix tiene identidad propia, no queda nada que no se haya escrito ya, existe incluso Les Amis de Paris-Roubaix, una sociedad de personas que lo cuidan y lo miman cada año. Los adoquines de Roubaix suponen un verdadero reto que desde hace décadas ha determinado la evolución de una parte importante del ciclismo. Año tras año la búsqueda de la comodidad y la amortiguación han centrado muchas de las investigaciones. Aprovechando que este año Lotto cumple 40, recordemos a Andrei Tchmil hace 30 años, llevándose la victoria con aquella horquilla con amortiguación de montaña.

Sin embargo, con el tiempo, la tendencia ha tomado un rumbo completamente diferente. No hay que olvidar que en El Infierno del Norte el pavés comienza en los últimos 100 km, los otros 160 hasta llegar allí son carretera. En la complicada tarea de encontrar el equilibrio radica, precisamente, la dificultad y la leyenda.

En los últimos años todo en París-Roubaix se centra en la aerodinámica, en cada edición aumenta la velocidad y las bicicletas tienen que ser capaces de soportar ambos terrenos con medias de 50 km/h.

En una carrera donde la colocación es crucial, el control, la aerodinámica y la comodidad de Orca Aero con los componentes exactos y las ruedas OQUO adecuadas pueden tener la llave de la victoria. Esta Paris-Roubaix ha sido la primera en la que todo el Lotto al completo ha corrido con ruedas OQUO.

Un nuevo paradigma

Tradicionalmente, el recelo hacia el hecho de que una bicicleta aero pudiera ser demasiado agresiva, demasiado específica, poco cómoda o difícilmente manejable ha venido desmoronándose. Orca Aero redefine el significado y es capaz de mantener velocidad y comodidad durante horas, kilómetro tras kilómetro.

En Roubaix, el fracaso y la gloria están separados por milímetros en una suerte de test de precisión y reflejos donde librar una caída o perder la posición dependen de la maniobrabilidad de la bici. Semejante responsabilidad determina la geometría de Orca Aero, que logra garantizar una conducción sencilla y precisa.

La misma geometría que consigue mayor reactividad y aceleración, con menor distancia entre ejes y bases más cortas, rompiendo otro de los grandes mitos alrededor de esta clase de bicis. Las nuevas bicicletas aero requieren soluciones que no solo mejoren el aspecto, sino que también las hagan más rápidas y mucho más cómodas.

Esto último se consigue renunciando a un cockpit totalmente integrado. Se pueden conseguir enormes ventajas ergonómicas sin realizar casi ningún sacrificio. Ajustar la posición perfecta, mejora la aerodinámica y reduce la fatiga. Una mejor ergonomía supone mayor comodidad, aerodinámica y control, lo que implica más velocidad.

Existe la rueda perfecta

Otro de los aspectos que cada año hace derramar ríos de tinta y caracteres digitales es la elección de las ruedas. El componente que impacta salvaje y dolorosamente contra la infame superficie puede hacer que el trabajo de todo un año se vaya al traste en el primer tramo de adoquín. Cuando la carrera pende de un hilo las ruedas elegidas marcan la diferencia. Con la ayuda de Lotto, OQUO ha desarrollado unas ruedas perfectas para este tipo de terreno. Aunque se trata de un prototipo, ya han demostrado su potencial, es por eso por lo que el equipo ha decidido competir este fin de semana con ellas. La tecnología Mini-Hook, junto con el mayor ancho interno de las llantas, permite montar una amplia variedad de cubiertas y mejorar su ajuste, lo que se traduce en una mayor aerodinámica, absorción y estabilidad, tres factores clave en un terreno tan exigente como el de Roubaix.

El trabajo de precisión de Orbea junto con el staff al completo de Lotto los días previos a la carrera ha determinado el setup definitivo. Como vimos el domingo, esta carrera no perdona a nadie, no importa quién seas. Por eso hay que elegir con la minuciosidad de un cirujano, solo así las eventualidades se reducen al mínimo.

Terminamos el fin de semana de la resistencia, del sufrimiento y de la tensión; del disfrute de la innovación; de la curiosidad y la precisión. Terminamos con satisfacción y orgullo y con el cuaderno lleno de notas, deseando volver al laboratorio y al túnel de viento a hacer lo que más nos gusta, contando los días para la próxima París-Roubaix.
Y es que cada vez que nuestras bicis superan la dureza de esta carrera, en Orbea aprendemos algo nuevo. París-Roubaix es una jueza implacable dispuesta a impartir justicia, es la prueba de fuego que hace a nuestras bicis mejores.

Decía Arthur C. Clarke que «cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». Volviendo a la pregunta que nos hacíamos al inicio de estas líneas: tal vez la respuesta sea esa, tal vez lo que nos trae aquí es la búsqueda de la magia.

El equilibrio perfecto

París-Roubaix es tan caprichosa como exigente: solo la élite logra estar a su altura. Orca Aero es capaz de mantener el equilibrio entre aerodinámica, rigidez, peso y comodidad para superar un año más el examen de El Infierno del Norte.

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