13 marzo, 2022
The Cowboy of Guara
Guara es una abrupta tierra repleta de serpenteantes cañones y rocosas montañas; un lugar donde los inviernos son glaciales y los veranos, abrasadores.
Hace mucho tiempo, algunas aguerridas comunidades prosperaron en estas tierras, pero a principios del siglo XIX, estas poblaciones migraron gradualmente hacia las ciudades en busca de una vida más fácil.
Algo parecido ocurrió en gran parte de la España rural. Pequeñas aldeas quedaron abandonadas y casas que en otro tiempo albergaron familias se convirtieron en ruinas habitadas por aves.
Hoy en día Guara es un lugar desértico y una de las zonas menos pobladas de Europa, con una densidad de población casi cuatro veces inferior a la del Sáhara.
En este salvaje lugar hay que andar con cuidado, los visitantes incautos pocas veces quedan impunes; y es que, como acostumbran a decir los habitantes locales, Guara puede matarte si quiere.
Sin embargo, a pesar de su evidente espíritu salvaje, Guara es innegablemente hermoso. Está lleno de contrastes y sorpresas, con increíbles afloramientos rocosos, arroyos cristalinos, impresionantes saltos de agua y deslumbrantes vistas sobre las montañas del Pirineo hacia el norte.
“Es la primera vez que ruedo por Guara y estuvo genial recorrer senderos con tanta historia. Me impresionó mucho el paisaje rocoso natural y lo divertido que fue atravesarlo. Además, hoy ascendimos casi 2000 metros y la batería de la Rise aguantó como si nada”
– Damien Oton
En ocasiones, te topas con alguien que se mimetiza tanto con su entorno que das por sentado que siempre ha estado en ese lugar. Precisamente esto es lo que ocurre cuando conoces a Bertrand.
Bajo su sucio sombrero de ala ancha, el rostro de Bertrand, animado y curtido por el clima de Guara, cuenta la historia de una vida llena de aventuras.
El brillo de sus ojos deja entrever su humor y amor por la vida, pero no cabe ninguna duda de que es un hombre fuerte, alguien a quien se debe tratar con respeto. Sería comprensible pensar que Bertrand lleva toda su vida recorriendo estas tierras, pero no es así.
La leyenda cuenta que, un buen día, Bertrand deambulaba por el desierto del Sáhara cuando se encontró con otro viajero que vio en él un alma gemela. Este viajero le reveló a través de un mapa la ubicación de un pueblo abandonado.
Bertrand volvió a casa, metió las maletas en su destartalado coche y siguió el mapa hasta llegar por fin a Nocito, en el centro de Guara. Aquí tan solo encontró caminos de tierra interrumpidos y edificios parcialmente en ruinas, pero en esta zona salvaje, supo inmediatamente que había hallado su lugar en el mundo y se dispuso a redescubrir los secretos que allí se escondían. Esto ocurrió hace más de 40 años, pero Bertrand sigue aquí.
Primero a pie y luego con sus amados caballos, Bertrand fue encontrando los viejos senderos que dejaron las generaciones anteriores y comenzó a reabrirlos. Con la ayuda de otros pioneros afines a él, se pusieron a reconstruir las casas en ruinas, piedra a piedra, y poco a poco fueron devolviendo el pueblo a la vida.
En aquella época, la única manera de llegar a Nocito era a través de un complicado camino de tierra. La pequeña carretera no llegó hasta hace aproximadamente 15 años y pasaron décadas antes de que hubiera electricidad o un teléfono. A pesar de ello, se formaron familias y nacieron niños, entre ellos la hija de Bertrand y Maji, Eva, que fue una de las pocas niñas que nació en Guara en más de un siglo. Los niños son vida para un pueblo. Y no solo eso, sino que Bertrand también se dio cuenta de que los caminos que había redescubierto podrían atraer visitantes, empresas y vida a Nocito.
Esos caminos tenían que ser utilizados o, de lo contrario, desaparecerían. Y, en este preciso instante, los mountain bikers entraron en escena.
Los primeros que llegaron empezaron a buscar los senderos rotos que Bertrand había reabierto, con la intención de superar sus propios límites recorriendo los caminos naturales más complejos que pudieran encontrar. La Sierra de Guara les proporcionó este paraíso. Bertrand se los mostró a los primeros riders en mapas dibujados a mano y, a veces, incluso les acompañaba montado en su caballo.
“Cuando oí que tendría que seguirle el ritmo a un caballo en los ascensos y a Damien Oton en los descensos, solamente quise una bici: ¡La Rise!”
Estos primeros riders exploraron y descubrieron poco a poco los mejores senderos y las maneras de entrelazarlos para formar rutas. Estas exploraciones llevaron a menudo a las bicis y a sus dueños hasta el límite, y más de algún rider local muestra aún cicatrices como consecuencia del carácter indómito de estas tierras. Y así, sendero a sendero e historia a historia, la leyenda de Guara se difundió por la comunidad local de mountain bike.
Cuando Bertrand habla sobre sus caballos, utiliza mucho una palabra: respeto.
Se trata de un elemento clave en las relaciones que forja con cada animal: los invita a que le acompañen y les promete diversión en lugar de emplear la fuerza. Se pueden trazar muchos paralelismos entre esta actitud y el tipo de relación que debemos establecer los riders con lugares salvajes como Guara. Podemos utilizar estos paraísos para nuestro disfrute, para pasarlo bien, pero el RESPETO debe ser un elemento fundamental. Respeto por Guara, sus habitantes, su historia, su naturaleza y, por su puesto, sus senderos. Si mostramos respeto, podremos seguir compartiendo y teniendo acceso a estos lugares, pero, sin él, debemos ser conscientes de que la relación con la naturaleza será corta y estará plagada de conflictos.
Pedalea con libertad, diviértete, explora y disfruta, pero siempre desde el respeto. ¡AUPA!
TRAILHEADS
Damien Oton