3 marzo, 2024
Van Gils reafirma su autoridad desde el podio de Strade Bianche
Doce eran los dioses del Panteón romano y tan solo uno era el rey: Júpiter, señor del cielo y del clima. Dos eran sus hermanos, Neptuno y Plutón, dioses de los mares y el inframundo. Entre los tres se repartían el universo.

Siena, Italia, 2024. 175 aspirantes. De entre todos, uno ya había elegido y pronto nos haría saber cuál sería su papel en el Panteón de Siena.
Pogacar, tras un inicio de meteorología incierta y lluvia incesante, reclamaría su cetro y sus poderes sobre los elementos. A su servicio, las fuerzas de la naturaleza abrirían pronto un increíble cielo azul para acompañarle en su paseo triunfal hasta la Piazza del Campo.


Sin embargo, también había un joven entre esa inmensa mayoría de mortales que quería un pedazo en el reparto fraternal. Un joven belga, de nombre grandioso y apellido Van Gils, quería observar el gran teatro desde una posición muy privilegiada.
A 80 kilómetros de meta, en el sterrato del Monte Sante Marie, Pogacar hace lo que había planeado y ataca para marcharse solo. Poco después, el joven aspirante a dios de nuestra fábula decide dar comienzo a su espectáculo.

Van Gils se marcha solo, Healy intenta atraparle, se juntan doce aspirantes pero se quiere ir Bardet. Van Eetvelt no le deja y reclama su parte. Durante casi 30 kilómetros el otro Lotto-Dstny, miembro por derecho de los 12 del Panteón final, se hace protagonista. No pierde la delantera del grupo perseguidor (el primer grupo tras el escapado Pogacar).

Toda la carrera está en este pequeño pelotón de poco más de doce, más allá, pocos conocen el destino del resto, esos “humildes” mortales.
A tan solo 40 kilómetros de meta. Maxim (Van Gils) y Lennert (Van Eetvelt) aprovechan un estrecho tramo de sterrato para lanzar otro ataque, aprovechando la aceleración de la Orca, que atiende sin problema a sus demandas. Algunos responden y es Van Gils quien se marcha en solitario. El asombroso belga camina solo durante 20 kilómetros, hasta que Skujins, que había superado ciertos contratiempos durante la carrera, le alcanza para reclamar un más que justo lugar en el trío de celestiales hermanos.


Los dos vuelan juntos hasta la bella Siena. Tras la Puerta Fontebranda, Santa Caterina en sombra. Pogacar ya no existe, una nueva carrera comienza aquí.

Van Gils se levanta, se separa unos metros, pero el camino ha sido muy duro para él hasta llegar a este punto, sus piernas no terminan de responder y Skujins, más maduro y en buena racha, consigue imponerse y cruzar la meta de Il Campo en segundo lugar.

Van Gils es tercero, ¿acaso hay alguna diferencia? Maxim ya tenía su honor ganado hace 80 kilómetros. Pocas veces un podio había tenido habitantes que lo merecieran tanto como hoy, pocas veces los dioses habían reclamado con tanta autoridad la posesión del universo: Júpiter, Neptuno y Plutón; Tadej, Toms y Maxim.

Un momento, os preguntaréis qué ha sido del resto del Panteón. ¿Qué hay del resto de los 12 elegidos? Habéis de saber que tan solo un equipo, tan solo el Lotto-Dstny, ha puesto a dos de sus aspirantes en lo más alto de la clasificación, tan solo dos entre los doce elegidos para la gloria.
Lotto-Dstny confirma que su magnífica temporada no esta siendo fruto de ninguna casualidad o de algún capricho divino pasajero. El equipo viene para brillar.


