22 agosto, 2025

Elia Viviani: regreso a La Vuelta con Lotto

El delirio define al ser humano. No somos criaturas pragmáticas; vivimos movidos por la pasión, por la ilusión. ¿Por qué jugamos al ajedrez o aprendemos a tocar un instrumento, por qué pasamos horas bailando o montando en bici? La respuesta honesta es sencilla: porque nos hace ilusión, porque nos apasiona, porque nos hace sentir vivos.

Pocas figuras en el ciclismo encarnan ese espíritu con tanta claridad como Elia Viviani. Tras una carrera larga y exitosa, llena de victorias y del cariño de los aficionados que siguen al italiano allá donde aparque el autobús de su equipo, no son la lógica ni los números los que explican por qué sigue compitiendo. Es la pasión, y la certeza de que aún guarda triunfos en sus piernas.

Ahora, con Lotto, se prepara para volver a una gran vuelta por primera vez desde 2021. La Vuelta a España es el escenario donde Viviani quiere demostrar que sigue siendo un velocista ganador, al mismo tiempo que asume un rol de guía dentro de un equipo joven.

El líder y el referente

Cuando firmó con Lotto, ya avanzada la temporada, el plan giraba en torno a un delicado equilibrio: ser mentor para una plantilla muy joven y conservar su propio lugar como ganador.

«Quiero mi espacio para ganar, porque sé que todavía tengo la victoria en las piernas».

Para Viviani, vestir los colores de Lotto supone un honor. El equipo es historia viva del ciclismo, pero también una apuesta de futuro. Y él mismo percibe el contraste entre generaciones. «Hoy los chavales pasan de junior a profesional y ya están listos para ganar. En mi época sentía que tenía mucho que aprender. Ellos dominan el entrenamiento y la parte técnica, pero todavía necesitan crecer en todo lo que rodea a la bici, lo que haces fuera para rendir mejor dentro».

Su aproximación a los jóvenes no parte de la arrogancia de alguien con un palmarés enorme, sino de la empatía. «Soy de los últimos en llegar al equipo, así que quiero ganarme su confianza de manera natural». Por eso empezó compartiendo carreras menores con los más jóvenes, conviviendo con ellos y creando lazos antes de integrarse en las grandes citas. El siguiente paso es La Vuelta.

El regreso del velocista

Su debut con Lotto no fue fácil: llegó en febrero, se perdió la concentración invernal y el arranque de la temporada. Las clásicas de un día costaron más de lo esperado, pero a medida que llegaron las vueltas por etapas, las piernas comenzaron a responder.
El momento clave llegó en el Tour de Turquía. Ganar la séptima etapa fue algo más que un triunfo: fue una confirmación de que todo volvía a estar en su sitio, de que podía seguir ganando.
A partir de ahí, el calendario tomó otra dimensión: Polonia, Hamburgo y, sobre todo, La Vuelta. Viviani agradece a Lotto haber confiado en él cuando lo necesitaba: «Yo estaba seguro de que podía hacerlo, y ellos también lo creyeron».

La Vuelta, un escenario especial

«No hay gran vuelta fácil», admite. «Pero empezar en Italia es muy importante para mí. Aún recuerdo mi victoria en Madrid en 2018: sigue siendo uno de mis mejores recuerdos». La etapa 1 y la 21 están marcadas en oro en su calendario, además de algunas otras oportunidades entre medias.

Su estrategia es clara: abordar cada etapa marcada como si fuera una clásica de un día, con la concentración absoluta del velocista que sabe esperar el momento. Volver a sentir la cercanía del público italiano en la salida será una emoción imposible de describir.
También sabe lo que supone el desgaste. «En todas las grandes vueltas hay días en los que quieres abandonar. Pero tienes que saber sufrir, dejar atrás las jornadas malas y continuar».

La confianza en la máquina

Para un esprinter, la bicicleta es parte esencial de la batalla. Viviani no oculta su entusiasmo por el material que Lotto pone en sus manos gracias a Orbea y a las ruedas OQUO.
«Para ser sincero, es una de las bicis más rápidas que he usado nunca. Cuando llegas a un equipo, lo primero que quieres saber es qué bici vas a llevar, porque si no es competitiva, ganar se vuelve muy difícil». Con Orca Aero sabe que tiene una bicicleta que responde.

Elia describe sus sensaciones con detalle: «Cuando me pongo de pie en los pedales o al salir de una curva la bici reacciona de inmediato. A altísima velocidad la Aero mantiene la inercia. Cuando te acercas a la línea de meta y ves el esprint, aceleras; es muy importante que la bici mantenga esa aceleración sin un esfuerzo excesivo. Es entonces, cuando decides que ha llegado el momento y arrancas, cuando necesitas que la bici rígida y reactiva incremente la velocidad en un abrir y cerrar de ojos”. Orca Aero es impresionante en un final agónico.

También probó la Orca en Polonia. «Realmente marca la diferencia. En esas etapas de cuatro o cinco mil metros de desnivel, quiero tener esta bici ligerísima conmigo para pasar la montaña».
En cuanto a las ruedas, su criterio es claro: reactividad, rigidez y compatibilidad perfecta con tubeless. «OQUO ha trabajado mucho en las dimensiones de las llantas, algo clave en la aerodinámica y en la resistencia a la rodadura. El nuevo buje propio de OQUO y la calidad de los rodamientos son realmente sorprendentes».

El motor sigue siendo la pasión

Entre la experiencia del mentor y la ambición del velocista, Viviani encara La Vuelta con una convicción que va más allá de la estadística. Su papel es guiar, inspirar y también ganar. Añadir nuevas páginas a una carrera ya magnífica. Sobre todo, seguir persiguiendo esa ilusión que, como él mismo recuerda, es lo que hace que merezca la pena seguir compitiendo.
Cuando baje del autobús el primer día en Italia, rodeado de sus compatriotas, Elia Viviani volverá a sentir ese delirio que define al ser humano: la pasión de seguir soñando con la victoria.

La Orca Aero de Elia Viviani

«Cuando te acercas a la línea de meta y ves el esprint, aceleras; es muy importante que la bici mantenga esa aceleración sin un esfuerzo excesivo. Es entonces, cuando decides que ha llegado el momento y arrancas, cuando necesitas que la bici rígida y reactiva incremente la velocidad en un abrir y cerrar de ojos».