Seeking Adventure: Painted Hills / John Day River (Oregón)

Salida

El Estado norteamericano de Oregón destaca por la diversidad de su orografía natural: desde bosques frondosos y exuberantes hasta páramos desérticos, pasando por todo lo que uno pueda imaginarse. Salimos temprano de Portland con la pretensión de explorar algunas de las parameras desérticas de la margen oriental de las montañas de la Cascada, en la zona central de Oregón. Nos dirigimos hacia el este desde la ciudad, a través del parque nacional forestal del monte Hood y del mismo monte Hood, cruzando el pueblecito de Prineville y atravesando el parque nacional forestal de Ochoco. Nuestro destino final era un apartado paraje de acampada a orillas del río John Day, que serviría de campamento ciclista base durante los dos días siguientes, y nos dejaba a unos quince kilómetros de algunos de los caminos de grava más pintorescos del parque nacional de las Colinas Pintadas y de sus alrededores.

Pero antes de acampar decidimos conveniente efectuar un recorrido exhaustivo en bicicleta, o al menos lo más exhaustivo que pudiéramos en aquella primera tarde.

Rock Talk

Si uno nunca ha estado en esta zona se la recomendamos encarecidamente, al margen de la inclinación que pueda tener por la geología. De apariencia sobrenatural, las Colinas Pintadas deben su nombre a las estratificaciones del suelo. Las tonalidades en amarillo, gualdo y rojo pueden cambiar de un día a otro dependiendo de los niveles de humedad o luminosidad. Los diversos estratos y colores se formaron hace millones de años, cuando la zona era una primitiva llanura aluvial, y se corresponden con las sucesivas eras geológicas diferentes.

Gravilla abundante

Predilecciones geográficas aparte, las verdaderas razones de nuestro viaje eran los caminos de tierra y gravilla que atraviesan y circundan el parque, que permiten que montar y explorar sea algo a la vez hermoso y espectacular. Si alguna vez visitaras las colinas protegidas, simplemente asegúrate de mantenerte lejos (montar, tocar, etc.) de ellas.

A unos quince kilómetros de nuestro campamento colina arriba, encontramos un camino de gravilla impoluta que nos permitía acceder a las Colinas Pintadas antes de regresar en sentido opuesto, siguiendo el río John Day. La superficie de las Colinas Pintadas no es muy grande, pero el área circundante, llena de caminos remotos, está pidiendo a gritos que alguien se decida a explorarla.

Campo de tiro

Al concluir nuestras rutas íbamos al río a darnos un merecido baño y a lavarnos, antes de pasar unos buenos ratos con las escopetas de aire comprimido que conseguimos de camino en Prineville, y de poner a prueba nuestra puntería disparando contra botes de cerveza vacíos. Hubo una acalorada discusión para decidir quién fue el ganador del título no oficial de experto francotirador, así que el próximo viaje tendremos que llevar un control más riguroso.

Maniobras nocturnas

Nuestro campamento estaba ubicado en un recodo del río John Day, y a un tiro de piedra de un tramo de muy buena pesca fluvial. El anochecer llevaba consigo la exploración con faros, las tomas fotográficas de larga exposición y los cuentos fantásticos en torno a la hoguera del campamento. Las luces dentro de nuestras tiendas Big Agnes conferían a nuestro campamento un hermoso trasfondo de diminutas incandescencias.

ADELANTE

A la mañana siguiente empezamos con un buen desayuno en el campamento antes de prepararnos para recorrer el camino de S. Twickenham. Esta ruta atraviesa escarpados cañones, desciende hasta el río John Day desde la carretera 207, y al final vuelve a conectar con el camino del Rancho Burnt cerca de nuestro campamento de la noche anterior.

Clarno

Antes de hacer las maletas de vuelta a casa, ascendimos hasta Clarno y recorrimos un nuevo yacimiento prehistórico en excavación. La oportunidad de poder estudiar restos prehistóricos se la debemos a lo apartado de la zona. El tiempo también nos dio un respiro, y el ambiente fresco y nublado de la mañana dio paso a una tarde soleada y calurosa, con la que concluimos nuestra exploración.

Sin coches, sin más bicis que las nuestras ni más gente que nosotros: era una combinación perfecta de lejanía, tranquilidad y belleza. Las Colinas Pintadas constituyen un recordatorio de que todavía existe el Salvaje Oeste, vasto y grandioso, que tantas veces hemos visto en el cine pero sin llegar a vivirlo; y que ahora está aquí. Pon tus dos ruedas en tierra y sal a explorar la última frontera.

Salida
El Estado norteamericano de Oregón destaca por la diversidad de su orografía natural: desde bosques frondosos y exuberantes hasta páramos desérticos, pasando por todo lo que uno pueda imaginarse. Salimos temprano de Portland con la pretensión de explorar algunas de las parameras desérticas de la margen oriental de las  montañas de la Cascada, en la zona central de Oregón. Nos dirigimos hacia el este desde la ciudad, a través del parque nacional forestal del monte Hood y del mismo monte Hood, cruzando el pueblecito de  Prineville y atravesando el parque nacional forestal de Ochoco. Nuestro destino final era un apartado paraje de acampada a orillas del río John Day, que serviría de campamento ciclista base durante los dos días siguientes, y nos dejaba a unos quince kilómetros de algunos de los caminos de grava más pintorescos del parque nacional de las Colinas Pintadas y de sus alrededores.
Pero antes de acampar decidimos conveniente efectuar un recorrido exhaustivo en bicicleta, o al menos lo más exhaustivo que pudiéramos en aquella primera tarde.
Rock Talk
Si uno nunca ha estado en esta zona se la recomendamos encarecidamente, al margen de la inclinación que pueda tener por la geología. De apariencia sobrenatural, las Colinas Pintadas deben su nombre a las estratificaciones del suelo. Las tonalidades en amarillo, gualdo y rojo pueden cambiar de un día a otro dependiendo de los niveles de humedad o luminosidad. Los diversos estratos y colores se formaron hace millones de años, cuando la zona era una primitiva llanura aluvial, y se corresponden con las sucesivas eras geológicas diferentes.
Gravilla abundante
Predilecciones geográficas aparte, las verdaderas razones de nuestro viaje eran los caminos de tierra y gravilla que atraviesan y circundan el parque, que permiten que montar y explorar sea algo a la vez hermoso y espectacular. Si alguna vez visitaras las colinas protegidas, simplemente asegúrate de mantenerte lejos (montar, tocar, etc.) de ellas.
A unos quince kilómetros de nuestro campamento colina arriba, encontramos un camino de gravilla impoluta que nos permitía acceder a las Colinas Pintadas antes de  regresar en sentido opuesto, siguiendo el río John Day. La superficie de las Colinas Pintadas no es muy grande, pero el área circundante, llena de caminos remotos, está pidiendo a gritos que alguien se decida a explorarla.
Campo de tiro
Al concluir nuestras rutas íbamos al río a darnos un merecido baño y a lavarnos, antes de pasar unos buenos ratos con las escopetas de aire comprimido que conseguimos de camino en Prineville, y de poner a prueba nuestra puntería disparando contra botes de cerveza vacíos. Hubo una acalorada discusión para decidir quién fue el ganador del título no oficial de experto francotirador, así que el próximo viaje tendremos que llevar un control más riguroso.
Maniobras nocturnas
Nuestro campamento estaba ubicado en un recodo del río John Day, y a un tiro de piedra de un tramo de muy buena pesca fluvial. El anochecer llevaba consigo la exploración con faros, las tomas fotográficas de larga exposición y los cuentos fantásticos en torno a la hoguera del campamento. Las luces dentro de nuestras tiendas Big Agnes conferían a nuestro campamento un hermoso trasfondo de diminutas incandescencias.
ADELANTE
A la mañana siguiente empezamos con un buen desayuno en el campamento antes de prepararnos para recorrer el camino de S. Twickenham. Esta ruta atraviesa escarpados cañones, desciende hasta el río John Day desde la carretera 207, y al final vuelve a conectar con el camino del Rancho Burnt cerca de nuestro campamento de la noche anterior.
Clarno
Antes de hacer las maletas de vuelta a casa, ascendimos hasta Clarno y recorrimos  un nuevo yacimiento prehistórico en excavación. La oportunidad de poder estudiar restos prehistóricos se la debemos a lo apartado de la zona. El tiempo también nos dio un respiro, y el ambiente fresco y nublado de la mañana dio paso a una tarde soleada y calurosa, con la que concluimos nuestra exploración.
Sin coches, sin más bicis que las nuestras ni más gente que nosotros: era una combinación perfecta de lejanía, tranquilidad y belleza. Las Colinas Pintadas constituyen un recordatorio de que todavía existe el Salvaje Oeste, vasto y grandioso, que tantas veces hemos visto en el cine pero sin llegar a vivirlo; y que ahora está aquí. Pon tus dos ruedas en tierra y sal a explorar la última frontera.

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