7 mayo, 2024

Una aventura imposible en mountain bike por Gales

Molly Weaver y la «triple corona»

 

Cuando imaginamos una aventura épica en bicicleta, Gales (Reino Unido) no es quizá uno de los primeros lugares que se nos vienen a la mente. Hace algunos meses, la ciclista de Orbea Molly Weaver se marcó el objetivo de poner a prueba sus límites recorriendo tres grandes rutas por toda Gales en pleno invierno y unirlas en sus puntos de partida y llegada creando un mega viaje

La idea era recorrer la ruta transcambriana galesa en dirección norte por los senderos de Trans Eryria a través del Parque Nacional Snowdonia para finalizar en la costa de Gales siguiendo la calzada de Sarn Helen: un viaje de aproximadamente 700 km, con 11.000 m de desnivel positivo y un tiempo de pedaleo previsto de 50 horas.

“¿Sabes esos desafíos que se te ocurren cuando estás cómodamente sentada en el sofá y que luego no se te quitan de la cabeza, como una espina que tienes que sacarte? Pues la idea de afrontar las tres mayores rutas de Gales (seguidas) fue exactamente uno de esos, ¡con el aliciente añadido de completarlo en pleno invierno! Un momento de locura, quizá, o a lo mejor solo el deseo de vivir una aventura sobre dos ruedas con la climatología en contra”

 

– nos cuenta Molly.

Día 1

La ruta transcambriana

A las 5 de la mañana, Molly partió desde una estación de ferrocarril cubierta de escarcha con su padre dándole ánimos.

“La variedad de paisajes y las distintas superficies por las que ruedas hacen que estos viajes estén llenos de contrastes. Recuerdo cómo el estrecho sendero quitaba mi atención de la inmensidad que me rodeaba, el delicado equilibrio entre el siguiente minuto de pedaleo y la siguiente hora o jornada, la soledad y el apoyo, la una al lado del otro. En determinados momentos sentía que flotaba sobre el terreno, y en otros que este me arrastraba”

 

– relata Molly

Día 2

Parque Nacional Snowdonia y Trans Eryr

Nuestra aventurera podía sentir la inmensidad y la belleza del paisaje. El perfil de las montañas dibujado sobre el horizonte, y nada salvo los sonidos de la naturaleza y los lagos envolviendo a Molly. Las aventuras en bicicleta están llenas de sorpresas, y el esfuerzo que supone vivirlas hace que momentos sublimes como este sepan aún más dulces.

Orbea Rise

“Desde que me la planteé en verano estuve entusiasmada con la ruta. La llamada de las montañas se hacía más y más fuerte cuando escuchaba los relatos de otros ciclistas en el Parque Nacional Snowdonia”

 

– recuerda Molly

Día 3

Sarn Helen

“Conforme ascendía por la colina, el poder del entorno hizo más evidente mi fragilidad relativa. Llegó un momento en que me resultaba imposible seguir montada: la pendiente era demasiado pronunciada, el viento demasiado fuerte, el sendero demasiado borroso. Cuando casi había coronado la primera subida importante del día, las condiciones empeoraron. El abundante barro en el suelo me impedía caminar con normalidad y la escasa visibilidad hacía que me desviase de la ruta. Cuando la hierba dio paso a la grava, pude volver a subirme a la bici. Tenía que llegar a algún sitio cálido y seco tan rápido como mis entumecidas piernas me permitiesen. Miré el mapa y vi que había un pequeño pueblo a pocos kilómetros. En aquel momento, esa era la única línea de meta que importaba”

 

– asegura Molly

“Me senté tiritando frente al intenso fuego de la chimenea de aquel pub. Inmediatamente, supe que la aventura había terminado. En realidad, lo había salido desde que me bajé de la bici y entre en la cálida habitación, pero necesitaba tiempo para procesar la decisión antes de darla por terminada la aventura. Las condiciones hacían demasiado peligroso continuar, y cuando viajas en bici saber cuándo parar es tan importante como saber cuándo empezar”

 

– Says Molly

Oiz

Aunque la bici tuvo un comportamiento fantástico superando todos los obstáculos, aprecié especialmente sus cualidades en las últimas horas del viaje. Cuando la ruta se complicaba cada vez más, las condiciones me impedían ver con claridad el terreno y el cansancio ralentizaba mis reflejos, la capacidad de la Oiz me permitió seguir adelante.