9 septiembre, 2025
Una historia escrita en la tierra
La historia del bike park de Bera comenzó hace treinta años, en los pinares que marcan la frontera entre España y Francia, no muy lejos del Mar Cantábrico.
Mientras la infancia de la mayoría transcurría jugando al fútbol o a la pelota, el deporte tradicional vasco, había un pequeño grupo con sueños distintos.
Sueños tan grandes que pasaban todo su tiempo libre cavando en la tierra. Sin financiación, sin apoyo, solo pasión.
Este es el espíritu vasco del auzolan, el trabajo comunitario compartido por todas las personas, profundamente arraigado en estos valles.
Riders locales siguieron dando forma a sus senderos y saltos, pasando tardes lluviosas viendo cintas VHS de freeriders de lugares legendarios como North Shore, para luego salir al monte e intentar recrear lo que habían visto. Así aprendieron. Así, y cayéndose y volviéndose a levantar para volver a intentarlo.
De esos primeros trazos sobre el barro salieron ciclistas que pasaron de competir en carreras nacionales a circuitos internacionales. Compitieron en Copas del Mundo y en Campeonatos del Mundo con la selección española. Hubo reportajes en revistas, vídeos y mucho más.
En la categoría femenina, llegaron a disputar 31 Copas del Mundo entre 1996 y 2007 en distintos continentes, logrando dos Top-5 en Copas del Mundo y seis oros en Campeonatos de España. Pero siempre faltó apoyo. Para otros deportes, sí hubo dinero. Para los senderos de bici, nunca.
Por eso existe el proyecto Trail Tales de Orbea. Con un pequeño empujón, un grupo de riders locales formaron una asociación, Bikedasoa, gestionada por personas voluntarias que dedican su tiempo para hablar con ayuntamientos, buscar financiación y organizar el trabajo. La financiación de Trail Tales no solo paga nuevos senderos. Les da algo concreto que poner sobre la mesa cuando se sientan con las instituciones.
Aportando parte del dinero, pueden pedir al ayuntamiento y al gobierno regional que igualen la inversión o que la amplíen. Así, un presupuesto pequeño se convierte en un proyecto compartido y más grande, y se garantiza un plan oficial para mantener y cuidar los senderos en el futuro.
Hoy el Bera Bike Park se ha reconstruido. Casi cincuenta kilómetros de senderos están ya reconocidos oficialmente, con un plan para cuidarlos año tras año. Eso ya es un logro.
Pero el éxito de estos proyectos no se mide en kilómetros. Se mide en las nuevas generaciones que se ven rodando, en las familias que se reúnen, en esos momentos en los que alguien se cae, lo intenta de nuevo y se vuelve más fuerte.
Los senderos de Bera no son garabatos en el mapa. Son lugares donde la gente puede volver a sentirse joven, donde la comunidad se encuentra y, donde los sueños empiezan a rodar.