9 febrero, 2023
Wine Paths
Muchos pasan media vida intentando encontrar una vocación, la profesión para la que han nacido.
Otros tantos van picoteando de una afición a otra buscando esa distracción que les ponga el vello de punta, que complete sus días haciendo que el uno sea diferente del otro.
La tierra roja de su Rioja Alavesa natal. La ocre, granate, púrpura e inflamada Rioja Alavesa.
Javier San Pedro es un afortunado. Desde que nació su pasión estaba escrita, el vino de su familia corre por sus venas y trabaja muy duro para que su linaje permanezca marcado en la tierra.
Este paisaje camaleónico y lleno de serpenteantes senderos creados por la labor vitivinícola de la zona le trajo también su afición.
Sentir la tierra y acariciarla con sus manos no bastaba; rodar sobre ella era otra buena manera de venerar el suelo que le vio nacer.
Hace no tantos años las viñas en esta región eran muy residuales, crecían en aquellas fincas donde no crecía el cereal, que era el cultivo principal de la zona.
Igual que el gravel, que hasta hace muy poco no solo era residual, era más bien inexistente; una disciplina indefinida para la que no existía una bici ad hoc.
Ahora Javier recorre la Rioja Alavesa sobre su Orbea Terra. Sube, baja, llanea.
Un terreno muy cambiante donde se aprovecha la planicie cargada de parras y también el terreno más escarpado, una orografía repleta de pendientes y largos llanos que hacen daño en las piernas y que requieren una bici rodadora y que acompañe bien en el suelo pedregoso.
Las jornadas se alargan en la bodega y a menudo le toca salir cuando el día ya pierde su nombre, cuando la tierra en llamas se apaga y los ocres, granates y púrpuras funden a negro.
Como dice Javier, Rioja Alavesa era una joya enterrada.
Sin embargo, los paladares más sensibles, los que saben disfrutar de los placeres de la vida: el vino, el aire, la bicicleta y la tierra ya la han descubierto y no parecen querer olvidarla.
Disfruta la ruta
109 km 10h:00m 1.350m+