Cambia

La crisis global que vivimos parece responder en algún modo profundo a la necesidad del cambio que a su vez provoca. Tiene su belleza.

La palabra “cambio” es una palabra fresca fácil de pronunciar, pero casi siempre implica incertidumbres y algún trauma. Cambio esencialmente significa (según la RAE –Real Academia Española de la lengua): 1. tr. Dejar una cosa o situación para tomar otra.

¿De qué cosas estamos hablando?

Bien, la bicicleta y los nuevos dispositivos digitales parece ser que son los grandes protagonistas de este momento de cambio, junto con el transporte público que vuelve a vivir una segunda época dorada. Estos dos objetos son singulares, individuales, muchas veces incluso personales; son ligeros y muy capaces ambos. La bicicleta es el único vehículo capaz de acarrear 10 veces su peso y su autarquía es un rasgo estructural. El móvil es hoy en día con lo que, si queremos, nos podemos comunicar con todo el mundo, cómo queremos y cuándo queremos. Son dos poderosos objetos que inspiran libertad. A mí la bicicleta hoy me inspira más de Todo. Cada vez más. Exponencialmente: 1, 2, 4, 8, 16… Cada vez mucho más.

Ambos están teniendo una revolución muy singular e industrialmente estigmática y atomizada: Grandes y pequeños están presentes y suelen ser plataformas donde cada vez toma más valor el conocimiento. La partida está muy viva.

Por otro lado, la televisión y el automóvil son el imperio en decadencia. Los grandes en sustitución. Por: pesados, “torpones”, excesivamente vagos y cargados de aspiraciones facilonas y “acolchadas”. Requieren un plan para su uso, demasiado espacio y generalmente la necesidad de conciliar (la buena conciliación es esa que se produce sin necesidad, desde la abundancia de las partes), son monotarea… Ambos son bastante incapaces de improvisar realmente. En realidad inspiran más autoridad y sometimiento que poder personal. Además, con semejante empacho, las teles molestan incluso planas, y los coches ya… ¡es que ni eléctricos!. Hoy representan una demo-burguesía que acabará por indignar a los nuevos jóvenes, más dueños que nunca de su opinión, con mayor inteligencia natural, más conscientes, y mucho menos egoístas.  La Televisión y el coche son el testigo tonto de un sueño absurdo e incumplible que se puede tornar en pesadilla. En mi opinión, hoy son objetos que, cuando menos, perdieron su inocencia y, por su exceso, perjudican más que las veces que ayudan a las personas. Les puede pasar algo bueno: redimensionarse y fusionarse con la realidad para participar de un mundo más líquido, más fluido.

Ningún teléfono es igual a otro. Todos están llenos de la vida de la persona que lo lleva generalmente integrado (¿a veces excesivamente?). Todas las bicicletas están vivas y, en poco tiempo, se vuelven diferentes unas de otras. Los móviles y las bicicletas son sensuales, espontáneos y tienen “arrugas” con el paso del tiempo. ¡Es la vida!

Vivimos todavía un momento histórico e histérico en el que en occidente todos tenemos de todo varias veces y ese es el modelo todavía en expansión, pero parece que algo está cambiando. Seamos responsables: pedaleemos y gastemos poco y bien.

Como decía ese popular Don Quijote: “…porque me va poniendo espuelas al deseo y al camino lo que suele decirse que en la tardanza está el peligro. Y pues no ha criado el cielo, ni visto el infierno, ninguno que me espante ni acobarde, ensilla, Sancho, a Rocinante…“

El hombre nunca tuvo tanto. Aprendamos rápido a saber tener bien. Rápido y Bien.

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