6 agosto, 2024
Le Mastrou
Cada camino guarda una historia, pero solo en contadas ocasiones el propio camino es en sí mismo la verdadera historia.
La Dolce Via es hoy una de las rutas ciclistas más importantes de Francia, no sólo por sus magníficos paisajes y su terreno favorable, sino también por su papel en la preservación de uno de los patrimonios más importantes del país: Le Mastrou, el tren de vapor de la Región de L’Ardèche.
A finales del siglo XIX, un operativo sin precedentes prometía cambiar la dirección del sistema de desplazamientos francés para siempre.
El progreso de toda una sociedad se reducía a un tejido tan complejo como extenso, que permitiese conectar cada cantón, cada región y cada población; a través de un único protagonista: el ferrocarril.
Si la revolución forma parte del imaginario de Francia, el tren de vapor es solo un ejemplo más.
Más allá de los incontables beneficios económicos y sociales que trajo consigo; las vías férreas no solo se ocuparon de portar pasajeros y mercancías, sino también una gran esperanza de progreso y una firme apuesta por la igualdad y la libertad, que dan sentido a los ideales franceses.
Más allá de los incontables beneficios económicos y sociales que trajo consigo; las vías férreas no solo se ocuparon de portar pasajeros y mercancías, sino también una gran esperanza de progreso y una firme apuesta por la igualdad y la libertad, que dan sentido a los ideales franceses.
El tren, como sinónimo recurrente de la vida, sigue un trayecto cerrado. Un bucle infinito en el que la difícil situación provocada por la guerra y la llegada inminente de los caminos y automóviles en el siglo XX provocaron el cierre de una gran parte de la línea, haciendo que los caminos de hierro, que un día fueron de tierra, volvieran entonces a su estado original. “Chemins de fer – Chemins de terre.”
Siempre hay mentes brillantes y ojos atentos capaces de ver oportunidades donde aparentemente solo hay obstáculos.
Los ciclistas vieron el potencial de las pistas que habían quedado tras levantar los raíles, en un enclave de ensueño. Tras ellos, la administración de la región rápidamente comprendió su responsabilidad en apoyarles, creando un proyecto de vía ciclable protegida para uso de vehículos no motorizados, o en otras palabras, un paraíso para los amantes del ciclismo.
Asfalto, gravilla fina, tierra; la Dolce Via ofrece todo tipo de terrenos para probar la gran versatilidad de nuestra Orbea Terra.
Siguiendo la ribera del río Ródano y con una sutil inclinación negativa, la Dolce Via permite disfrutar de un trayecto relajado y lleno de servicios para amenizar el viaje. Sin embargo, el gran relieve de la región abre todo un mundo de posibilidades para aquellos que quieren explorar más allá. Tú eliges la ruta y el ritmo, ¡gravel en estado puro!
Algunos pueden ver marcharse el tren y quedarse de brazos cruzados, pero los verdaderos apasionados sabían que el tren no volvería a pasar si no mantenían vivas esas vías. Adaptarse o morir; ese es, en esencia, el lema de Le Mastrou, una de las pocas líneas ferroviarias supervivientes, que se convirtió en tren turístico en 1969.
Un tren mágico, que representa una herencia incomparable gracias a su locomotora de vapor y vagones originales.



Pronto entendieron que bicicleta y tren guardaban muchas cosas en común: un ritmo lo suficientemente bajo como para apreciar el paisaje, un compromiso firme ante la preservación de los entornos naturales y, sobre todo, ambos son vehículos que, más allá de permitir desplazarse, garantizan un disfrute natural, lejos de las grandes ciudades y en pura conexión con la naturaleza.